sábado, 7 de abril de 2007

I Don't Want to Sleep Alone

No importa cuán desgastado y viejo esté un colchón. Así y todo puede servirnos para que nos olvidemos, por un pequeño y frágil momento, de la dureza del suelo. De la misma manera un pequeño gesto de parte del otro, puede protegernos (o al menos hacer el intento de protegernos) de este cada vez más hostil e intoxicado mundo.

Tsai Ming-liang hizo de esos pequeños gestos una película tan tierna como amarga, tan perfecta como triste.

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